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Ceuta lleva su sanidad al límite tras dos años de avisos y fuerza el viaje de Mónica García

La llegada masiva de inmigrantes lleva al límite un sistema que depende directamente del Ministerio de Sanidad y que desde 2024 acumula denuncias por falta de médicos y especialistas. Las Urgencias han llegado a superar los 500 pacientes diarios según las denuncias de los profesionales, mientras aparecen un brote de gastroenteritis y casos puntuales de sarna y tuberculosis.

La crisis migratoria de Ceuta ha terminado por poner bajo máxima presión un sistema sanitario público que desde hace al menos dos años acumula advertencias por falta de médicos, escasez de especialistas, dificultades para cubrir plazas y sobrecarga de los profesionales. La situación ha adquirido tal dimensión que la ministra de Sanidad, Mónica García, se desplaza finalmente a Ceuta en pleno mes de agosto, después de días de denuncias y peticiones de refuerzos de médicos y organizaciones profesionales.

El caso tiene una singularidad fundamental: la sanidad pública ceutí depende directamente del Gobierno central. El Hospital Universitario y la Atención Primaria están gestionados por el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA), adscrito al Ministerio de Sanidad. A diferencia de lo que ocurre en las comunidades autónomas, la responsabilidad política sobre la gestión sanitaria conduce directamente al departamento de Mónica García.

Dos años de advertencias: “Va de mal en peor”

La crisis actual no nació con la llegada masiva de inmigrantes. En agosto de 2024, el Sindicato Médico de Ceuta ya advertía de que la sanidad de la ciudad iba “de mal en peor y aún no ha tocado fondo” y denunciaba una “alarmante carencia de especialistas” en servicios como Oncología, Digestivo, Endocrinología, Urología, Traumatología, Psiquiatría, Oftalmología, Dermatología, Urgencias y Atención Primaria.

Las advertencias continuaron durante 2025. CSIF, Sindicato Médico, UGT y CCOO denunciaron la falta de personal y los problemas para atraer profesionales, mientras la escasez de especialistas era calificada como un “problema endémico”. La contestación llegó también a la calle, con ciudadanos reclamando mejoras en la asistencia sanitaria.

En marzo de 2026, el diagnóstico de los representantes médicos volvió a endurecerse. El presidente del Sindicato Médico aseguró que “Ceuta está en punto muerto, al ralentí y en la cola del Sistema Nacional de Salud”, mientras continuaban las denuncias por falta de especialistas y las reclamaciones para convertir efectivamente la ciudad en una zona de difícil cobertura que permitiera atraer y retener facultativos.

Solo unas semanas después, el 16 de abril, el conflicto llegó directamente a Mónica García. El Sindicato Médico pidió su dimisión por el “deterioro sanitario en Ceuta y Melilla” y denunció una “precariedad estructural”, falta de planificación de recursos humanos, escasez de especialistas y dificultades para estabilizar las plantillas. Todo ello sucedía más de tres meses antes de la actual emergencia migratoria.

De 150 pacientes diarios a más de 500

La llegada masiva de inmigrantes de finales de julio ha actuado como multiplicador de esas debilidades. Según las denuncias realizadas estos días, las Urgencias del Hospital Universitario habrían pasado de alrededor de 150 pacientes diarios a superar los 500, más que triplicando la presión asistencial habitual.

El PP, después de reunirse con representantes médicos y sindicales, cifró las necesidades en al menos 90 profesionales sanitarios, entre médicos, enfermeras y auxiliares, y reclamó incluso la activación del Plan Estratégico de Catástrofes de INGESA. SATSE también ha denunciado el “colapso” y exigido un plan extraordinario. Incluso las cifras oficiales reflejan la excepcionalidad: INGESA contabilizó en una sola jornada 313 asistencias en 24 horas y 35 pacientes hospitalizados relacionados con la crisis migratoria.

El Colegio Oficial de Médicos reclama que lleguen profesionales desde fuera de Ceuta y advierte del agotamiento de las plantillas. Su presidente lo ha resumido de forma gráfica: “Los refuerzos no pueden ser que la gente doble o no duerma”. Los facultativos alertan además de un problema que supera la capacidad del hospital: el riesgo epidemiológico asociado a miles de personas viviendo en calles, playas y asentamientos provisionales sin condiciones adecuadas de higiene y salubridad.

Gastroenteritis, sarna y tuberculosis

La dimensión sanitaria de la emergencia es ya visible. El País describe este domingo las Urgencias del único hospital de Ceuta saturadas y recoge un brote de gastroenteritis y casos puntuales de tuberculosis y sarna.

El jefe de Medicina Preventiva del Hospital Universitario, Julián Domínguez, ha advertido de que existen “miles de personas sin salubridad” y del riesgo de que aparezcan nuevos problemas sanitarios. Su diagnóstico es contundente: “Esto es una crisis humanitaria”.

El Ministerio intenta diferenciar entre crisis humanitaria y crisis sanitaria. El secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, sostiene que el principal riesgo procede precisamente de las deficientes condiciones de higiene y salubridad de los asentamientos, mientras el departamento de García reclama evitar el “alarmismo”.

INGESA niega el colapso

El Gobierno ofrece una interpretación diferente a la de los profesionales. INGESA niega que el sistema sanitario ceutí esté colapsado y asegura que alrededor del 50% de las camas del Hospital Universitario permanecen disponibles, que no ha sido necesario habilitar zonas extraordinarias de emergencia y que la asistencia ordinaria continúa funcionando.

El organismo también ha defendido que la plantilla sanitaria se encuentra en máximos históricos: en junio de 2025 cifraba en 1.287 los profesionales del Área Sanitaria, incluidos 242 facultativos especialistas frente a 213 en 2018. Una fotografía oficial que contrasta con las reiteradas advertencias de sindicatos, Colegio de Médicos y organizaciones profesionales sobre las dificultades para cubrir determinadas especialidades y la vulnerabilidad estructural del sistema.

La crisis llega directamente al despacho de Mónica García

La cronología resulta difícil de ignorar. En 2024, los médicos advertían de que la sanidad ceutí iba “de mal en peor”; en 2025, denunciaban un problema “endémico” de especialistas; en marzo de 2026, afirmaban que el sistema estaba “en punto muerto”; y en abril, el Sindicato Médico pidió directamente la dimisión de Mónica García.

Ahora, en agosto, la entrada masiva de inmigrantes ha sometido esa estructura a una presión extraordinaria: más de 500 pacientes diarios en Urgencias según las denuncias de los profesionales, peticiones de refuerzos, agotamiento de las plantillas, un brote de gastroenteritis y casos puntuales de sarna y tuberculosis.

Y existe una diferencia esencial respecto a las crisis sanitarias de las comunidades autónomas: el Hospital Universitario y los centros de salud de Ceuta dependen directamente del INGESA y, en última instancia, del Ministerio de Sanidad.

La presión acumulada ha terminado situando a la propia ministra en el centro de la crisis. Mónica García se desplaza finalmente a Ceuta en pleno agosto, cuando la combinación entre las deficiencias estructurales denunciadas durante los últimos dos años y una emergencia asistencial extraordinaria ha colocado a la sanidad de la ciudad ante una de las situaciones más difíciles de su historia reciente.

Una visita que llega después de dos años de advertencias.


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