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El ICER alerta sobre el desajuste laboral y propone soluciones basadas en IA

El ICER reclama una transformación de los servicios de empleo con IA para cerrar la brecha entre vacantes sin cubrir y quienes buscan trabajo

El Instituto de Ciencias del Empleo y las Relaciones Laborales (ICER) alerta que el mercado de trabajo español arrastra una paradoja difícil de explicar, con miles de personas que no encuentran empleo y, al mismo tiempo, empresas que no consiguen cubrir sus vacantes.

Ante esta situación la organización afirma que transformar de raíz los servicios de empleo apoyándose en la inteligencia artificial puede ser la palanca para conseguir dar una solución a esta situación, siempre que se utilice con garantías y sin perder de vista a las personas.

Considera que esta situación es preocupante si se tiene en cuenta que, en España, los datos oficiales reflejan que más de 155.000 vacantes sin cubrir por la dificultad de las empresas para encontrar a los profesionales cualificados para esos puestos.

El diagnóstico parte del informe ‘Servicios profesionales de empleo: infraestructura estratégica del mercado de trabajo’, en el que el instituto sostiene que ese cambio no puede ser cosmético. La irrupción de la inteligencia artificial, la transición verde, el envejecimiento de la población y la falta de talento en sectores y territorios concretos están reconfigurando el mercado laboral a gran velocidad, y de la respuesta que la industria se capaz de dar dependen tanto las oportunidades de las personas como la competitividad de las empresas.

Para el ICER, la aportación de la IA ocupa un lugar central en esta transformación ya que “tiene un potencial enorme para mejorar la orientación profesional, el emparejamiento entre candidatos y vacantes, la formación o la detección temprana de las necesidades de las empresas. Pero si es mal aplicada puede llevarnos a un bucle donde los sesgos dejen atrás a quienes tienen menor acceso digital y se deshumanicen procesos que afectan directamente a las oportunidades de las personas”, asegura Alejandro Costanzo, secretario general del Instituto.

Junto a la tecnología, el ICER reivindica el papel de los servicios profesionales de empleo (ETT, empresas de recolocación, empresas de selección y formación) como parte de la infraestructura del mercado laboral y no como actores secundarios. Buena parte de la intermediación real se produce ya fuera de los canales públicos, por lo que integrarla de forma ordenada permitiría ampliar la cobertura, llegar a más empresas y profesionalizar la respuesta.

En esta línea, indica que en los últimos años ha ganado peso la figura de los profesionales inhouse, que ofrece a las empresas una vía flexible para cubrir sus necesidades y abre un terreno en el que conviene avanzar para dar respuesta tanto a las compañías como a los propios trabajadores.

LEY DE EMPLEO

El informe del Instituto destaca que el desarrollo de la Ley 3/2023 de Empleo supone la oportunidad para dar el salto que necesita el mercado de trabajo. Su despliegue puede quedarse en una simple actualización de procedimientos o convertirse en una verdadera palanca de modernización del Sistema Nacional de Empleo, capaz de reforzar la intermediación, atender mejor a las empresas y medir resultados reales más allá del número de colocaciones.

En ese marco, el ICER insiste en superar la “falsa dicotomía” entre lo público y lo privado. La responsabilidad pública sobre el sistema, que implica la garantía de acceso, equidad, protección de derechos y cohesión territorial, debe mantenerse, “pero la ejecución, la prospección de empresas, la formación aplicada o el acompañamiento pueden beneficiarse de la colaboración con operadores especializados”, resalta Costanzo.

La clave, subraya el informe, no está en sustituir al servicio público, sino en ampliar la capacidad del conjunto del sistema, con una atención especial a las pymes, que son las que más dificultades tienen para encontrar y retener talento.

El ICER condensa su propuesta en un modelo de “ecosistema de empleo inteligente, colaborativo y evaluable”, y concluye que el futuro no pasa por elegir entre lo público y lo privado, entre la tecnología y la atención humana, o entre la inclusión y la competitividad, sino por integrar todas esas dimensiones para convertir las políticas de empleo en una auténtica infraestructura de transformación económica y social.


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