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El uso terapéutico del cannabis presenta riesgos cardiovasculares y psiquiátricos

El cannabis medicinal carece de respaldo científico adecuado para la mayoría de las afecciones para las que se usa comúnmente, incluido el dolor crónico, la ansiedad y el insomnio, según una revisión exhaustiva dirigida por UCLA Health, el sistema de salud público afiliado a la Universidad de California (Estados Unidos).

El estudio, publicado en la revista ‘JAMA’, revisó más de 2.500 artículos publicados entre enero de 2010 y septiembre de 2025, incluyendo ensayos clínicos aleatorizados, metaanálisis y guías clínicas. Se priorizaron más de 120 estudios en función de su gran tamaño muestral, actualidad, temas abordados y relevancia.

Los hallazgos se producen en un contexto de creciente popularidad de los usos médicos del cannabis y de cannabinoides como el CBD, con un 27% de personas en EE.UU. y Canadá que han informado de su uso para diversos fines, como el alivio del dolor, la ansiedad y los trastornos del sueño, según una encuesta de 2018.

El primer autor de la revisión, el doctor Michael Hsu de UCLA Health, alerta de que existe una brecha de comprensión entre el público y la evidencia científica más reciente sobre sus supuestos beneficios médicos.

“Si bien muchas personas recurren al cannabis en busca de alivio, nuestra revisión destaca importantes brechas entre la percepción pública y la evidencia científica sobre su eficacia para la mayoría de las afecciones médicas –afirma Hsu, profesora adjunta clínica de ciencias de la salud en el Departamento de Psiquiatría y Ciencias Bioconductuales de UCLA Health–. Una orientación clara por parte de los profesionales clínicos es esencial para respaldar una toma de decisiones segura y basada en la evidencia al hablar sobre el cannabis medicinal con sus pacientes”.

La revisión confirma que los cannabinoides de grado farmacéutico aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA) han demostrado eficacia, pero solo en un rango limitado de afecciones. Estas incluyen medicamentos para la pérdida de apetito relacionada con el VIH/SIDA, náuseas y vómitos inducidos por quimioterapia y ciertos trastornos convulsivos pediátricos graves, como el síndrome de Dravet y el síndrome de Lennox-Gastaut.

Para la mayoría de las demás afecciones la evidencia sigue siendo inconclusa o insuficiente, según la revisión. Si bien más de la mitad de las personas que consumen cannabis medicinal informan que lo usan para el dolor crónico, las guías clínicas actuales desaconsejan el uso de medicamentos a base de cannabis como tratamiento de primera línea para el dolor crónico.

La revisión también destacó los posibles riesgos para la salud asociados con el consumo de cannabis. Datos longitudinales de adolescentes indicaron que el cannabis de alta potencia podría estar relacionado con un aumento en las tasas de síntomas psicóticos (12,4 % frente al 7,1 % para el cannabis de baja potencia) y trastorno de ansiedad generalizada (19,1 % frente al 11,6 %).

Alrededor del 29% de las personas que consumen cannabis medicinal también cumplían los criterios de trastorno por consumo de cannabis. El consumo diario de cannabis, en particular el de productos inhalados o de alta potencia, puede estar asociado con riesgos cardiovasculares, incluyendo tasas más altas de enfermedad coronaria, infarto de miocardio y accidente cerebrovascular, en comparación con el consumo no diario.

La revisión, en la que también participaron investigadores de las universidades de Harvard, UC San Francisco, la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington y la Universidad de Nueva York, enfatiza que los médicos deben examinar cuidadosamente a los pacientes para detectar enfermedades cardiovasculares y trastornos psicóticos, evaluar las posibles interacciones farmacológicas y evaluar si los riesgos superan los beneficios antes de considerar productos que contienen THC para fines médicos.

“Los pacientes merecen conversaciones honestas sobre lo que la ciencia nos dice y no nos dice sobre el cannabis medicinal”, recomienda Hsu.

Los autores señalan varias limitaciones de la revisión, ya que no fue una revisión sistemática ni realizó una evaluación formal del riesgo de sesgo de los estudios incluidos y consideran que las recomendaciones de los ensayos clínicos podrían no ser aplicables a todos los pacientes debido a las variaciones en su diseño, las características de los pacientes y los productos de cannabis analizados.

Por ello, Hsu señala que “es fundamental realizar más investigaciones para comprender mejor los posibles beneficios y riesgos del cannabis medicinal. Al apoyar estudios más rigurosos, podemos ofrecer una guía más clara y mejorar la atención clínica para los pacientes”, añade.

Redacción

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