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Europa necesita grandes operadores de telecomunicaciones para competir en la economía digital global, según el Instituto Coordenadas

El Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada considera que Europa debe revisar con urgencia el marco regulatorio del sector de las telecomunicaciones si quiere competir en la nueva economía digital global, al entender que el continente necesita operadores con mayor escala, capacidad inversora y dimensión transfronteriza para afrontar los grandes ciclos tecnológicos asociados a las redes de nueva generación, la inteligencia artificial, el cloud, la ciberseguridad, la computación en el borde y la gestión avanzada de datos.

El think tank subrayó este lunes que la competencia en telecomunicaciones ya no puede analizarse únicamente desde una óptica nacional porque las compañías europeas compiten en un tablero global con grandes actores tecnológicos de Estados Unidos y Asia que operan con una escala muy superior, mayor capacidad financiera y ecosistemas industriales más integrados desde marcos regulatorios menos exigentes. Por ello, mantener un mercado europeo excesivamente fragmentado e intensamente regulado reduce la capacidad del sector para invertir, innovar y sostener infraestructuras críticas para la soberanía digital de Europa.

“Europa no tiene un problema de talento ni de ambición tecnológica. Tiene un problema de escala y de eficiencia regulatoria. Sin operadores capaces de invertir al ritmo que exige la economía digital, la soberanía tecnológica europea corre el riesgo de quedarse en una aspiración política sin suficiente base industrial”, dijo el vicepresidente ejecutivo del Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada, Jesús Sánchez Lambás.

El Instituto Coordenadas considera que el mercado europeo de telecomunicaciones arrastra un problema estructural de fragmentación. Frente a grandes economías como Estados Unidos, China o India, donde operan pocos grupos de gran dimensión, Europa mantiene un número muy elevado de operadores más o menos relevantes, con estructuras locales y menor capacidad para generar economía de escala. Esta atomización reduce la eficiencia, limita la capacidad financiera del sector y dificulta la regulación y ejecución de inversiones industriales de largo plazo.

Este diagnóstico tiene implicaciones directas sobre la competitividad europea. La pérdida de valor relativo del sector teleco europeo frente a otras regiones no es solo un problema bursátil o empresarial, sino un síntoma de menor capacidad para financiar infraestructuras, atraer talento, desarrollar capacidades tecnológicas propias y competir en ámbitos estratégicos. Europa pasó de liderar algunas fases de la revolución móvil a quedar rezagada en despliegues avanzados como el 5G de altas capacidades, precisamente por la dificultad de movilizar inversión a escala suficiente.

La nueva economía digital exige una lectura más amplia de la competencia. No se trata únicamente de contar cuántos operadores existen en cada país, sino de evaluar si el ecosistema europeo está en condiciones de desplegar redes resilientes, desarrollar servicios digitales avanzados, sostener plataformas tecnológicas propias y competir con gigantes globales. En mercados maduros, una fragmentación excesiva está debilitando la inversión y, con ello, la propia calidad de la competencia.

Así, la consolidación del sector teleco europeo no debe entenderse como un fin en sí mismo, sino como una palanca para recuperar inversión, productividad y liderazgo tecnológico. La escala permite generar sinergias, optimizar redes, reducir duplicidades y liberar recursos que pueden destinarse a nuevas infraestructuras digitales, innovación, ciberseguridad, cloud, IoT y servicios avanzados para ciudadanos y empresas de todos los sectores.

El modelo europeo ha priorizado durante años la reducción de precios como principal indicador de competencia. Sin embargo, el Instituto Coordenadas considera que esa aproximación resulta insuficiente en la fase actual. El reto ya no es solo asegurar precios bajos en el corto plazo, sino garantizar que el sector pueda financiar redes de muy alta capacidad, mejorar la resiliencia, acelerar la digitalización industrial y sostener tecnologías críticas para la autonomía estratégica europea. Un mercado maduro optará no por precios muy bajos y escasos servicios, sino por los mejores operadores capaces de satisfacer unas necesidades crecientes.

“Una competencia que impide invertir acaba siendo una competencia frágil. Europa necesita mercados abiertos y exigentes, pero también operadores capaces de generar retornos suficientes para desplegar redes, innovar y acompañar la transformación digital de empresas, administraciones y hogares”, añadió el Instituto Coordenadas.

El Instituto Coordenadas subrayó que el debate sobre la consolidación de las telecomunicaciones forma parte de una discusión más amplia sobre la soberanía tecnológica europea, en especial porque la inteligencia artificial propia exige inversiones a escala en redes, almacenamiento en la nube, ciberseguridad, gobernanza de datos, edge computing e infraestructuras digitales resilientes. “Sin esa base tecnológica y operativa, Europa difícilmente podrá convertir su capacidad científica e industrial en autonomía e innovación efectiva”, recalcó.

A juicio del think tank, Europa cuenta con fortalezas relevantes: industrias líderes, datos de calidad, capacidades científicas, centros tecnológicos y sectores estratégicos como energía, automoción, salud, defensa, industria, finanzas o servicios públicos. Pero esas ventajas necesitan una infraestructura digital robusta y operadores capaces de anticipar necesidades, desplegar, operar y proteger soluciones a escala europea, con un marco regulatorio no regido por el principio de abaratar costes, sino mejorar capacidades.

Europa necesita actualizar su marco regulatorio para incorporar la dimensión global del mercado digital. Durante años, la política de competencia ha analizado muchas operaciones de consolidación desde una lógica nacionalista y centrada en efectos de reducción de costes. Esa mirada debe evolucionar para valorar también el impacto sobre la inversión, la innovación, la resiliencia y la capacidad de competir frente a plataformas globales.

La entidad defendió avanzar hacia un nuevo equilibrio: permitir mayor escala empresarial cuando esta se traduzca en compromisos verificables de inversión, despliegue tecnológico, mejora de infraestructuras y desarrollo de capacidades digitales europeas. Este enfoque permitiría conciliar la protección de la competencia con la necesidad de construir empresas tractoras capaces de asumir inversiones industriales complejas y de largo plazo.

“El debate no debe plantearse como consolidación sí o no, sino bajo qué condiciones la consolidación puede reforzar la competitividad europea. Más escala debe ir acompañada de más inversión, más innovación y más capacidad tecnológica propia”, afirmó Sánchez Lambás.

El Instituto Coordenadas insistió en que defender operadores de mayor dimensión no significa debilitar la competencia ni cerrar los mercados, si no reconocer que la competencia sostenible requiere empresas capaces de invertir, innovar y competir en un entorno global en el que las infraestructuras digitales son ya un activo estratégico. La consolidación puede contribuir a construir un sector teleco europeo más sólido, menos fragmentado y con mayor capacidad para impulsar la productividad.

La pregunta que, a su juicio, debe hacerse Europa es cómo combinar competencia y escala. Un mercado con demasiados operadores debilitados o subvencionados puede ofrecer precios bajos durante un tiempo, pero no necesariamente garantiza inversión suficiente para sostener la próxima generación de infraestructuras digitales que den los servicios que a corto plazo van a demandar consumidores y empresas europeas. Por el contrario, un marco que permita operadores más fuertes, bajo supervisión y con compromisos de inversión, puede reforzar la competencia real frente a actores globales de mayor dimensión.

El Instituto Coordenadas proclamó que “Europa se encuentra ante una decisión estratégica” porque puede seguir siendo principalmente un gran mercado consumidor de tecnologías desarrolladas por terceros, o puede aspirar a convertirse en un actor tecnológico con capacidad industrial propia. La consolidación del sector teleco europeo no resolverá por sí sola todos los retos de la soberanía digital, pero sí constituye una condición necesaria para que Europa pueda financiar las infraestructuras que necesita para liderar esta época de cambio.

“El futuro digital de Europa no puede depender de un sector teleco debilitado, fragmentado y sin capacidad suficiente para invertir. Si Europa quiere ser un actor en inteligencia artificial, cloud, ciberseguridad e infraestructuras críticas, necesita operadores con escala europea y ambición global”, concluyó Jesús Sánchez Lambás.

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